Comunidad-Luz Nueva Tierra, un lugar donde niños y jóvenes se unen para vivir una Nueva Vida

Ellos no solo son adoptados por la generadora, fundadora y Madre de la Comunidad, sino que son invitados a vivir la transformación: en los pequeños actos de la convivencia entre hermanos y en el servicio a los Reinos de la Naturaleza, todo forma parte de la Escuela Viva Parque Tibetano donde todos aprenden porque todo enseña.

Hace algunos años, el grupo de Comunidades al que la Nueva Tierra está vinculada inició la noble tarea de servir a la humanidad a través de las Misiones Humanitarias. De aquí para allá, el grupo de los llamados misioneros viene llevando adelante encuentros de vivencias misioneras a fin de compartir un poco de sus experiencias adquiridas en las misiones y formar misioneros.

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Momentos de vivir el bien, olvidarse de sí, estar atento al prójimo

Del 23 al 24 de febrero, la Comunidad-Luz Nueva Tierra, en Teresópolis, Río de Janeiro, Brasil, recibió un encuentro de la Juventud Misionera. Nosotros, que participamos de la vivencia, transmitíamos compañerismo, alegría, amor. El amor estaba entre nosotros, en el cariño con los animales, en el respeto a la naturaleza. La unión era visible en los actos y gestos, en las miradas y sonrisas, en el querer compartir y colaborar.

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Niños, jóvenes, adultos. La edad no cuenta para quien encuentra dentro de sí el llamado al servicio. En una verdadera misión, se dio la unidad entre los Reinos de la Naturaleza. Reabrimos el «Camino de la Cura», una vía que se inicia en el lugar donde viven los animales domésticos y pasa por una pequeña cascada ubicada dentro de los límites de la comunidad. Para que el reino mineral fluyera libre, limpiamos el lecho y su entorno, las carreteras de acceso y el bosque de la ribera. También bañamos más de setenta perros, tratándolos y cuidándolos como a hermanos; se hizo mantenimiento a las cercas y porteras y se pintaron las  paredes de las instalaciones destinadas a los equinos.

«Cuando trabajamos en grupo, hacemos cosas que no hacemos solos y también nos cansamos menos ​​ » (Alethea, 16 años).

En otro momento, dentro de la Vivencia, acordamos reunirnos en el llamado Morro de María, área interna de la Comunidad, y compartir en grupo el amanecer. Sientan el relato de un participante del encuentro y también morador de la Comunidad, en su encuentro con el sol.

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«Todos estábamos cansados ​​después de un largo día de tareas, pero la unidad y la fuerza nos hizo levantar a las cinco de la mañana, éramos un grupo de más de veinte personas ascendiendo al Morro. Aún a oscuras, iluminados poco a poco por la aurora del nuevo día subimos en silencio. Por encima de las nubes blancas, se destacaba la silueta rocosa de la Sierra de los Órganos y, apuntando al cielo, el Dedo de Dios. De allí podíamos vislumbrar donde se estaba realizando todo el encuentro: en una cuna inmersa en el bosque y escoltado por grandes montañas, como un padre y una madre protegiéndonos de lejos, mientras nos observan crecer.

Entonces despuntó el primer rayo de sol y poco a poco  fue descubriéndose hasta brillar por entero. En el silencio, era como si cada uno de nosotros estuviera unido a él por uno de sus rayos. Y todos sus rayos se hicieron uno con él, iluminando nuestro camino en la Tierra hacia la Consciencia Única”.

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Recibimos además un curso de primeros auxilios como parte de la formación misionera. «… muy útil…», decía uno de los jóvenes participantes. El misionero puede encontrarse en su cotidianidad con diversas situaciones en las que deberá actuar creativamente para solucionarlas. «La gente tiene que trabajar con lo que tenga allí en el momento… mantener la calma…» comentaba otro joven. Toda esta formación pretende proveer la consciencia del misionero de medios que le permitan una conexión con el centro del propio ser. Allí recibirá toda ayuda de niveles superiores a sí mismo, ayuda adecuada y orientada a la resolución de cada una de esas situaciones.

La vivencia misionera en la Nueva Tierra nos abrió en un pequeño valle del planeta y en nuestro corazón, el camino de la cura. El camino de la fraternidad universal:

«Nunca desista de ayudar al prójimo… ¡hay tanta gente que necesite ayuda!»  (Nathanael, 15 años).

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Por Juan Diego

Residente de la Comunidad-Luz Nueva Tierra – Teresópolis, RJ